Los esclavos, y quienes
tratan de ser esclavos, suelen ser constantemente advertidos de evitar el egoísmo
y no centrarse en sus propias necesidades y deseos, sino en las de los demás. Y
este puede ser un buen consejo cuando un esclavo tiende a centrarse en sus
propias fantasías perdiendo de vista la voluntad del AMO o desatendiendo sus posibles
aportaciones a la relación. Pero más allá de esta lección sobre el egoísmo, hay
otra mucho más sutil y que tiene que ver con las verdaderas necesidades del
esclavo: me estoy refiriendo a todo aquello que alimenta y fortalece la “esclavitud”
de un esclavo: la dirección y el control, la disciplina y el servicio. Cuestiones
sobre las que no puede haber ninguna concesión, pues cuando la vida de un
esclavo carece de ellas la esclavitud en sí misma es insostenible.
DIRECCIÓN y
CONTROL
La concepción
popular y desinformada considera que los esclavos son personas que se ven
obligados a obedecer las órdenes de un AMO, y muchos esclavos también fantasean
con ser forzados. Esto, además de poder llegar a la ilegalidad, está muy lejos
de ser verdad. Se considera que obedecer es lo contrario de la libertad, y las
connotaciones negativas de "esclavitud" en gran parte consisten en esta
presunta falta de libertad. Esto, que pudo ser cierto en otras etapas históricas
no se cumple en el caso de los esclavos consensuales de hoy en día. Aquellos que
se convierten en esclavos hoy en el mundo desarrollado no lo hacen porque se
ven obligados a obedecer, sino porque de manera positiva necesitan obedecer. La
obediencia es el alma de la esclavitud voluntaria, no es una cruz sino una
alegría y un verdadero esclavo sólo pide que se le dé la oportunidad de
hacerlo.
Y ahí es donde
entran en juego el control y la dirección. Cualquier idiota puede decir a otro qué
hacer; muchas personas tienen una personalidad autoritaria, dominante o agresiva.
Pero eso no es lo que satisfará la necesidad de obedecer de un esclavo, al
menos no a largo plazo, porque las personas simplemente son autoritarias
tienden a no ser muy coherentes o siquiera inteligentes en sus órdenes, pues operan
por capricho. Cuanto más perfectamente obedezca el esclavo a alguien de esas
características más probable es que se meta en problemas, porque la orden de
hoy puede impugnar la de ayer o contradecir la de mañana. No se puede instruir
a un perro con órdenes contradictorias, ha de tenerse firmeza, actitud y
habilidad: ¿es acaso un esclavo menos sensible?
Idealmente, lo
que necesita todo esclavo –sea o no consciente de ello- es una dirección clara,
metas firmes, reglas coherentes y órdenes inequívocas. Y para ello se necesita
que el AMO posea tenacidad, habilidad, presencia de ánimo, inteligencia, autocontrol
y la auto-comprensión necesaria para proporcionar ese tipo de entorno.
DISCIPLINA
La fantasía más
común de los esclavos es, probablemente, el ser castigados de una u otra manera
(léase a base de fusta o mediante el confinamiento); pero creo que la carga
erótica de esto es realmente una metáfora de la disciplina, que no es lo mismo que
el castigo. La disciplina controla la conducta, el castigo es simplemente un
medio, una herramienta, y no la mejor, para lograr la disciplina. Al igual que
los esclavos deben obedecer, los AMOS tenemos que seguir las reglas que nos elevan
a la altura de un ideal. Creo que todos los esclavos voluntarios aspiran a ser
"el esclavo perfecto" en algún sentido, para lo que les resulta imprescindible
tener a alguien ante quien abrazar ese ideal, alguien que responda a esas
expectativas de perfección aun a sabiendas de que la perfección es
inalcanzable.
Si fuera fácil
ser un esclavo, si todo el mundo pudiera hacerlo ¿cuál sería el punto? Si no existiera
el sacrificio que implica, si no se requiriese una voluntad "más
allá" de la vida ordinaria de un pasivo o activo cañero… ¿por qué
molestarse? ¿a qué toda esta filosofía? ¿por qué entonces esta concepción de la
relación AMO/esclavo se convierte en un proyecto de vida?
La esclavitud es
una exigencia, una exigencia propia del esclavo para consigo mismo, una
vocación difícil, y sus retos no pueden ni deben terminar una vez el esclavo
entra al servicio de un AMO. No es una condición a la que se llega y ya. El Amo
debe proporcionar un desafío continuo, así como un entorno en el que esté constantemente
presente la disciplina del esclavo y su dedicación para perfeccionarse. Con
este fin, muchos AMOS implementan diversos rituales y protocolos a seguir por
sus esclavos. La clave es permitir a los esclavos desarrollar una actitud de
adoración y entrega, proporcionar al esclavo un marco dentro del cual vivir una
vida disciplinada de respeto y dedicación (todo lo que se centre exclusivamente
en alimentar el ego del AMO será errado).
En justa
reciprocidad, y en el más prosaico de los niveles de aplicación de las normas, todo
AMO que no se dé cuenta o no se preocupe por las posibles infracciones de su
esclavo estará eludiendo su deber para con su siervo. No es necesario castigar,
pero sí tomar nota de la transgresión/omisión, etc. y tratarlo con él de alguna
manera concreta. Los esclavos necesitan sentir los ojos de su AMO sobre ellos
continuamente, hasta que se internalizar dicha sujeción.
SERVICIO
Si bien hay un
sin fin de fantasías sobre la obediencia y la disciplina, la mayoría de los esclavos
tienden a fantasear preferentemente acerca de servicios sexuales, y sin embargo
éstos son la parte más ínfima de las obligaciones y servicios de un esclavo en
propiedad. De hecho, la diferencia entre un esclavo y un sumiso resulta de la
voluntad, incluso del entusiasmo, por servir a su AMO de manera no sexual. Una
vez leí en un anuncio personal de un presunto esclavo esta frase: «si no limpio
mi propio apartamento ¿Por qué debería limpiar el tuyo?». Deplorable para
alguien que se define a sí mismo como esclavo, pues el mismo hecho de plantear
la pregunta indica que no ha entendido nada de lo que es el espíritu y la
naturaleza de esa condición que dice poseer; no se trata de que le “guste”
limpiar, ni siquiera es relevante el factor “gusto”. Lo único que es relevante,
determinante, es el factor obediencia, y si limpiar es una orden, lo que debería
bastar al esclavo es la satisfacción de cumplirla.
El problema
surge cuando el esclavo (o el AMO, que también ocurre muy a menudo) confunde “servicio”
con “ser usado”. La diferencia es sutil pero crítica y radica en la diferencia
existente entre "ser utilizado" y "ser útil".
Ser usado, con todas sus connotaciones y una fuerte
carga erótico/sexual en la mayoría de los casos, se refiere más a las
categorías de dirección y disciplina que de servicio. Es decir, lo interesante
acerca de "ser utilizado" para el esclavo estriba en ser obediente y ser
controlado, más allá de su propio ego y su propio placer, convertirse en un
instrumento de la voluntad de otra persona. Eso no tiene por qué (aunque es
susceptible de) ser una experiencia humillante, degradante o denigrante, sino convertirse
en una experiencia estimulante y liberadora. Sobre el complejo concepto de
humillación en el mundo BDSM os remito a un interesantísimo post que he
encontrado en el blog de un AMO
español.
Ser útil, en cambio, es algo que la mayoría de la
gente no encuentra placentero y gratificante, y de hecho a algunos esclavos
llega a escapárseles lo trascendente del concepto de utilidad como parte
fundamental de su naturaleza dada su aparente ausencia de eroticidad inmediata.
Es el sentido de la dedicación, de la inversión adecuada del esfuerzo, del
empleo de su constancia y su energía en la manera correcta y satisfactoria para
su AMO y para él mismo. El gozo del servicio se basa en la sensación de haber cumplido
con la tarea encomendada, e incluso de haber previsto la necesidad de dicha
tarea y haberla resuelto antes de ser formulada por el AMO. Resaltaba antes la aparente
ausencia de eroticidad inmediata en las acciones relativas al concepto de “ser útil”
para un esclavo, pues ¿qué es sino sexo desgenitalizado, a la postre, el
cumplimiento del deber, sea éste el que sea, en el marco de una relación
AMO/esclavo?
Cuando un AMO piensa
en el servicio de un esclavo sólo en términos de tenerlo a su entera
disposición para satisfacer cualquier capricho o deseo pasajero, trivializa la
esclavitud de su esclavo y puede llegar a socavar su capacidad para continuar
con esa forma de vida, pues podría acercarse peligrosamente al abuso, el daño
físico o la negligencia. El caso contrario se encuentra cuando la razón
principal del AMO se basa en proporcionar al esclavo la oportunidad de servir
con lo mejor de sus habilidades. El mayor desafío para un AMO es determinar
cómo un esclavo puede, a través de su servicio, entrega y obediencia, crecer,
aprende y se desarrollarse. Esto no quiere decir que al esclavo no pueda
encomendársele cualquier tarea que no transgreda los límites básicos de las 3Fs
(sano, seguro y sensato); me refiero a que todo esclavo tiene que sentirse, en
general, que está cumpliendo con su potencial para el servicio, o no mantendrá
su entusiasmo por mucho tiempo.
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