El entrenamiento de un esclavo es la primera y mayor dedicación de un AMO, su objetivo principal, pero en este entrenamiento la responsabilidad activa del esclavo es fundamental; es algo que tengo muy claro:la responsabilidad del esclavo en el proceso y fijación de su propia entrega es básica.
Mi esclavo está pasando por un período laboral difícil que le absorbe las fuerzas y limita su capacidad. Está agotado, bajo de moral y colapsado por una rutina diaria extenuante que le colapsa y de la que, de momento, no se puede liberar. Y mi cometido, como su Dueño, es estar ahí para apoyarlo, respaldarlo, escucharlo, consolarlo... pero también para adiestrarlo. De hecho, el adiestramiento fue precisamente el punto que nos puso en contacto y que nos unió, el punto sobre el que se cimentó y se construye día a día la relación que mantenemos.
Todo esclavo requiere atención y, en algunos casos, estará
dispuesto a hacer lo que sea con el fin de asegurarse de que su AMO está siempre
pendiente de él y le presta toda su atención. Muchos esclavos son conscientes, al
menos teóricamente, de que esto es una manifestación del ego, y saben que deben
minimizarla hasta eliminarla, pero a veces no pueden controlarlo
realmente. Cuanto más neófito es un esclavo más atención suele requerir y sólo los más veteranos, los más intensamente adiestrados o los que tienen una verdadera personalidad de esclavo auténticamente natural (aunque no sean conscientes de que la poseen) superan victoriosos esta prueba. Me explico.
Durante las sesiones de adiestramiento los esclavos
son el centro de la atención de su AMO, de suerte que el esclavo se da cuenta
de que si actúa de la manera exigida, correcta, obtiene su recompensa, lo que anhela. Pero ¿qué sucede cuando
el AMO no está detrás del esclavo permanentemente? ¿Qué sucede cuando el Amo no
le presta el 100% de su atención? En estas circunstancias, un buen esclavo debe
ser capaz de comportarse como tal,
manteniéndose alejado de cualquier juego de manipulación para transformar la
situación a su gusto. Un buen esclavo es aquél que se comporta
siempre como el esclavo que es, porque es su obligación, porque en el cumplimiento de
la obligación está su satisfacción, aunque esta obligación en sí sea poco agradable, insatisfactoria e, incluso, su esfuerzo aparentemente poco reconocido. De ahí que la negación se convierte en una excelente herramienta para comprobar el grado de implicación de un esclavo con su AMO, con la vida que ha elegido y con el compromiso que ha adquirido.
Negaciones
La primera manera de hacer caso omiso de un esclavo para poner
a prueba su entrenamiento consiste en negarle las cosas que ha llegado a esperar
de su AMO sin plantearse que no vienen dadas por defecto sino porque el Amo tiene
a bien proporcionárselas. No sólo se trata de que no consiga un orgasmo cada vez que se esfuerza o apasionados besos, caricias y un cálido, intenso y reconfortante abrazo tras haber soportado un castigo que lo ha llevado casi al límite del llanto. Que también. No se trata únicamente de eliminar aquellas acciones, situaciones o comportamientos que el esclavo disfruta particularmente.
El nivel de negación más directo e inmediato es dejar al esclavo "solo" por un período de tiempo, lo que en algunas relaciones AMO/esclavo parecería posponer
su formación durante un determinado lapso, detener o diferir el adiestramiento del esclavo por el momento. Pero en realidad es una forma muy eficaz de comprobar que sigue manteniendo el vínculo de pertenencia y su mentalidad de esclavo. Y puede emplearse como un camino para conducir al esclavo a la autorreflexión y continuar, por otras vías, su entrenamiento. Pues este período de "descanso" forzoso le permitirá evaluar su crecimiento
como esclavo y le ayudará a centrarse en la idea de que tiene que mejorar algunos aspectos de su comportamiento, que lo incondicional de su entrega no puede quedarse sólo en palabras y que sólo depende de su esfuerzo y dedicación el hecho de volver a ganar la atención del AMO.
Naturaleza de esclavo
En nuestro caso estamos en esta fase. Mi esclavo está agobiado por su día a día y yo, como AMO, estoy cerca para sostenerlo. Pero ese estar cerca no implica que abandone su adiestramiento y así he ido ampliando los períodos de silencio, para que mi esclavo pueda centrarse en su asfixiante cotidianidad. No creo que mi esclavo haya sido consciente de ello hasta que lea este post, pero por sus reacciones, y para mi satisfacción, compruebo que su naturaleza de esclavo es auténtica y natural, mucho más de lo que él mismo cree o sabe. Mis ausencias han servido para que, sin pedirme directamente nada, sin intentar ningún juego de manipulación a los que me refería antes, invierta tiempo y (soy consciente de ello) un considerable esfuerzo en actualizar este blog y colgar algún post más o menos regularmente. Es decir, está preocupado por demostrar que, a pesar de lo imponderable de una rutina excesiva en sus exigencias, el esclavo está ahí, el esclavo dedica su voluntad a mantenerse y el esclavo sigue cumpliendo con sus obligaciones.

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