jueves, 23 de febrero de 2012


El AMO escribe. Reflexiones (III) ajenas al hilo de las propias




Lo que sigue son los pensamientos de un esclavo, escritos no para justificar o buscar su validación, sino para compartir sus experiencias y, posiblemente, ayudar a otros a comprenderse mejor y encontrar su auto-aceptación. Considero que pueden ayudar a mi esclavo, que es lo más importante que poseo, y a otros que pudieran llegar a leer esto.

«Hace ya casi nueve años desde que escuché por primera vez las palabras “un esclavo debe servir”. Su resonancia ha seguido dentro de mí cada vez que las he oído, y de hecho han crecido dentro de mí, porque yo he crecido. Esas palabras hablan de la libertad absoluta. Y de la responsabilidad final. Su mensaje: "encuentre tu lugar, el lugar que te corresponde”, no el que han querido hacerte creer que te corresponde, sino aquél en donde realmente estás cómodo y te sientes pleno: “el camino que conduce a la manifestación de tu verdadera voluntad."




El conocimiento que he ganado, y las experiencias que he vivido en los años transcurridos desde esa declaración hacen vibrar ese camino hacia las profundidades de mi ser, en realidad se orientan hacia el autoconocimiento y me ayudan a ser mejor, a ser más “yo”. Y he hecho un sorprendente (al menos para mí) descubrimiento. Yo soy una mente, una naturaleza, una sensibilidad… Soy una persona. Y yo soy un esclavo.
He entrado en una dinámica 24/7, de retro-alimentación, en una relación de intercambio. Y al hacerlo, esta estrella ha encontrado la órbita que le corresponde.
Dentro de nuestra relación, yo me entrego a mi Dueño, completamente y sin límites, sin restricciones, sin intención de beneficio propio o de la propia satisfacción. Con una confianza absoluta y profunda gratitud. Acepto lo que mi AMO me da. No tengo que justificarme, que disculparme, que excusarme. Me quiere para Él precisamente porque soy así, me valora por ello. Y eso es lo más fascinante de todo. Lo que para muchos es censurable, para mi AMO es mi principal virtud.
Nuestra relación no tomó forma en un instante. La entrega no es un viaje corto ni fácil. Mi sumisión a Él no es un regalo. La presencia de su luz en mi vida no es un regalo. Nos tomamos el tiempo para ganar confianza y respeto. Para estar seguros de que, como el intercambio de poder entre nosotros comenzó y creció, que cada uno de nosotros era digno y capaz alimentar, mantener, cuidar la relación y sus términos. Crecimos juntos. Seguimos creciendo, juntos. Una relación AMO/esclavo, objeto/Propietario que, por pura voluntad, atenuada por el propósito, liberada de la lujuria del resultado, es en todo sentido perfecta.
Mi ego es contraproducente para mi voluntad. Mi ego es una fuerza destructiva, que si no se controla, pervierte la manifestación de mi verdadera voluntad. Moralmente estoy obligado a ser un esclavo –Su esclavo‑ porque, moralmente, estoy obligado a ser libre. Parece un oxímoron, pero no lo es. 


Entre las responsabilidades que he asumido a aceptar en mi vida como esclavo, ante mí mismo como persona, una de ellas es la de mantener mi ego encadenado, para que mi verdadera voluntad se pueda manifestar sin trabas. Las reglas y los rituales, el control que ejerce mi AMO en cada vez más áreas de mi vida, las rutinas, el castigo y la humillación cuando son necesarios…, todos elloson Su manera de demostrarme Su interés hacia mí, sus atenciones, su dedicación, su poder. Eso hace sentirme querido, mantenerme humilde, y mantener mi ego relegado a un lugar donde su supresión me permite ser quien realmente soy.


Estoy eternamente agradecido por todo lo que mi AMO hace y me hace hacer; todo lo que es y me permite ser. Porque gracias a Él puedo ser yo. Y es por eso que yo Le necesito, que me remito a Él en todos los ámbitos de mi vida, cumpliendo sus órdenes, esforzándome para ver que sus necesidades y deseos se satisfacen… un proceso a través del cual me realizo como esclavo (que es lo mismo que decir como persona), por lo que soy consciente de que en ello reside mi propósito y mi alegría.

Nuestra relación se caracteriza por la intensidad de la constancia. Incluso el dolor es un placer. He aprendido a confiar en él lo suficiente como para abandonar mi cuerpo en las manos y dejar que mi espíritu vuele. Él cuida de mí lo suficiente como para que yo le haya entregado mi voluntad confiando en que, a pesar de que objetivamente no me considero masoquista, aprendo a cada paso a valorar la sensación del dolor, poco a poco, paulatinamente, mi cuerdo se tensa y vibra a su toque: un toque que puede ser una caricia, un azote, un beso, el mordisco de sus pinzas…. Este paso, que siempre quise dar, ha ayudado a derribar los muros entre nosotros. Con cada golpe de su fusta, cada restallido de su látigo, con cada nueva presión de sus manos en mis pezones, su energía penetra en mí. Cuando me mira a los ojos, me sonríe dulcemente y me dice: "sufre para mí", mi corazón se eleva. Él me empuja al borde del abismo, y siempre me recoge en un amoroso abrazo justo antes de comenzar a caer. Él me lleva a lugares que yo nunca sería capaz de alcanzar solo. El crecimiento que he experimentado como resultado es asombroso.


Mi esclavitud es natural, flexible, mis cadenas me permiten espacio para crecer y mejorar. Necesito, tengo que "pertenecer a". Sólo dentro de ese contexto me puedo sentir lo suficientemente seguro para ser quien soy.

"Un esclavo debe servir". La primera vez que leí esa declaración yo lo entendí como algo negativo, una amonestación contra la servidumbre. Obviamente, muchas cosas han cambiado desde entonces. Ahora veo que la declaración como una advertencia para quienes, como yo, necesitan ser lo que son, sin miedo y sin vergüenza. Lo contrario, lo marcado por el pensamiento convencional y la moralidad establecida, sería negar mi naturaleza. Yo soy un esclavo. Es mi voluntad servir a mi AMO.








Y esto es lo que dice perrobotas, también desde su óptica de esclavo, muy acertadamente, al respecto:

normalmente el placer suele ser la puerta por donde entramos a la sumisión. servir nos resulta placentero, las sesiones nos excitan. pero normalmente es un placer momentáneo, limitado en el tiempo. y siempre queremos más. ese deseo de más es lo que nos lleva a dar el siguiente paso, el siguiente movimiento, donde el placer no se consigue inmediatamente, sino por una anteposición de los placeres de nuestro Amo. ese giro de estar centrados en nosotros a centrarnos en nuestro Dueño es lo que nos convierte en auténticos esclavos.

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